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La familia como sistema social: Conyugalidad y parentalidad

  • Foto del escritor: Family Toons
    Family Toons
  • 23 jun 2020
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 26 jun 2020


El estudio sociológico de la familia no constituye una novedad en el espectro temático de la disciplina. El concepto de “familia conyugal” de Émile Durkheim (1892, citado en Peusner 2004) aparece rápidamente en el panorama, así como la influencia que en él ejerció de uno de los mayores historiadores de esta materia, Numa Fustel de Coulanges (1998). Según Durkheim, se trata de un nuevo tipo de familia, en tanto representa un cambio significativo con las formas anteriores de familia. La parentalidad y la conyugalidad son los únicos elementos que le restan.


Si bien la comunicación íntima y desinhibida, así como la inclusión de la persona como un todo pueden considerarse características del sistema social familia, la definición resulta evidentemente estrecha. Sin embargo, en lugar de escoger la interpretación “microsociológica” de Neidhart y Tyrell, es decir, la familia como grupo, creo conveniente insistir en el camino delineado por el propio Luhmann, esto es, la familia como sistema funcional. El problema que parece detectar Luhmann respecto de la familia y que en cierto modo deriva en una ambigüedad conceptual, reside en la codificación basal de dicho sistema. No se trata de su función, ni del desarrollo gradual de adquisiciones evolutivas que favorezcan su diferenciación, todos lo cual justifica su análisis dentro del marco de los sistemas funcionales.

Quizás sea conveniente en este lugar remitirse a la extensa tradición antropológica sobre la familia. En la terminología antropológica,la familia es tratada dentro de los estudios sobre sistemas de “parentesco” y este término parece ser todavía el más apropiado para describir a la familia moderna. Más allá de una mera adopción nominal, a partir del concepto “parentesco” se puede desarrollar con mayor profundidad el problema de la codificación basal de la familia. La persona como un todo se incluye ciertamente en un sistema de relaciones íntimas que define de manera difusa dicha pertenencia pero la familia se acopla de manera estricta en la forma “pariente/no pariente”. La familia produce parientes para la comunicación social, nombres familiares o apellidos, también casas y hogares en ciudades y sus periferias.


La procreación, señala Kaufmann (1994: 50 y ss.), sería el problema central de la familia, sin embargo este argumento remite a una concepción inadecuada de la familia moderna. El concepto más apropiado no parece ser la procreación, sino la filiación. La persona moderna a pesar de poder decidir no tener descendencia, no puede evitar ser reconocido como hijo de otra persona, es decir, la filiación opera de manera universalista y remite al propio sistema segmentado. La alianza, en cambio, abre el sistema a incluir a su lado excluido, al no pariente. Sin alianzas, no obstante, no es posible la reproducción social de la familia.


Referencias


 
 
 

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